OPINIÓN: 11 de septiembre: Tocando corazones

Esta nota fue traducida al español y editada para mayor claridad a partir de una versión en inglés.

¿Dónde estábamos el 11 de septiembre? Vivíamos en Medio Oriente, recientemente nos habían enviado allá debido al trabajo de mi esposo. Era por la tarde en Kuwait y estaba feliz porque nuestra hija había llegado de visita el día anterior.

Yo estaba preparando una comida especial para celebrar la ocasión, cuando sonó el teléfono. Mi hermano de Texas, sin aliento y casi histérico, me gritaba que saliera de Kuwait. Cuando finalmente logré entender que los Estados Unidos estaba siendo atacado, mi esposo  encendió la televisión rápidamente. Vimos con asombro y en silencio cómo caía la segunda torre.

Inmediatamente hubo llamadas frenéticas de nuestros hijos, y otros seres queridos; todos suplicando que nos regresáramos a casa. Realmente esa no fue una decisión que pudimos tomar una vez que escuchamos cómo los vuelos internacionales estaban siendo desviados y obligados a aterrizar por un período indefinido. 

Los detalles apenas se estaban dando a conocer; lo más alarmante es que los autores eran ciudadanos saudíes. Y allí estábamos, obviamente como estadounidenses, viviendo a menos de una hora en automóvil de la frontera con Arabia Saudita. ¿Qué debíamos hacer? ¿Estábamos a salvo?

De repente sonó el timbre. Era el dueño de la vivienda, hijo del embajador de Kuwait en Italia. Sus primeras palabras fueron una expresión de lo mucho que lamentaba los hechos y que sabía que debíamos tener miedo. Amablemente nos ofreció su casa si teníamos temor.

El timbre siguió sonando. Vivíamos en una calle típica de una comunidad en la ciudad de Kuwait con vecinos de muchas naciones de Medio Oriente, principalmente de Kuwait, pero también de Egipto, Siria, Jordania e incluso de Arabia Saudita. Vecino tras vecino comenzaron a dirigirse a nuestra casa esa noche, todos expresando sus condolencias, ofreciéndonos lugares para quedarnos si nos sentíamos amenazados de alguna manera, trayendo comida y flores. 

No hablábamos árabe y muchos de nuestros vecinos no hablaban inglés, pero su preocupación por nosotros era obvia. No éramos los únicos que estábamos horrorizados por los eventos que se desarrollaban en los Estados Unidos, también lo estaban todos los que nos rodeaban en Kuwait.

Uno de los momentos más conmovedores de aquel entonces se dio al día siguiente. Mi hija y yo acabábamos de pasar por la Embajada de los Estados Unidos para ver miles de ramos de flores alrededor de las puertas. La imagen era muy similar a las escenas que vimos en el Reino Unido a las puertas del Palacio cuando murió la Princesa Diana. 

Luego paramos en una gasolinera cerca de la embajada para llenar el tanque. Una madre kuwaití junto con su hija, estaban en un vehículo enseguida de la gasolinera. Justo al lado de nuestro auto, ambas se quedaron en silencio, con las manos sobre el corazón y lágrimas en los ojos. Nos mostraron de la mejor manera posible, que el terror y la tragedia del 11 de septiembre estremecieron muchos corazones, no solo de estadounidenses.

Deborah Lomando vive en Las Vegas y nació y se crió en Texas. Cuenta con una licenciatura y maestría en Historia Estadounidense por parte de la Universidad de Texas, y también tiene una licenciatura en geología. Contratada por una importante compañía petrolera, fue la primera mujer profesional en una oficina de campo en el oeste de Texas. En 2001, el trabajo de su esposo la llevó al extranjero y durante los siguientes 13 años, nueve en el Medio Oriente y cuatro en África, continuó buscando formas de marcar la diferencia, incluyendo enseñanza en una escuela privada para niñas como profesora asociada en la Universidad de Bahrein, dando capacitación a mujeres jóvenes. Desde que regresó a Las Vegas, ha disfrutado estar con sus cuatro hijos y ocho nietos y dedicar su tiempo libre a la política de base.