Ser DREAMer en los tiempos de Trump

Sueñan con quedarse en Estados Unidos. Jóvenes que llegaron aquí indocumentados, cuando eran niños, sin culpa propia. Crecieron sin saber de muros ni fronteras. The Nevada Independent En Español publicará entrevistas con tres jóvenes soñadoras de Las Vegas, quienes comparten una retrospectiva de sus vidas antes y después de las recientes medidas de inmigración impuestas por el gobierno federal.

Esta es la tercera y última entrevista de la serie.
Erika Castro, Organizadora Comunitaria con The Progressive Leadership Alliance of Nevada (PLAN)

Ya se acerca su cumpleaños número 28. Y cuántas cosas le han pasado desde que llegó a Las Vegas, donde ha vivido desde que llegó a este país, cuando tenía tres años de edad. De esa época, Erika Castro sabe que sus padres decidieron emigrar por la necesidad económica que tenían en su hogar, situado en Tlalnepantla, Estado de México.

Diferentes

Castro tenía siete años de edad, pero se acuerda muy bien, por la forma en que sucedió, que poco a poco empezó a percatarse que, “era diferente”, como ella dice.

Cuenta que un día, en Las Vegas, iba caminando rumbo a su casa junto con su mamá, su tía y su prima, cuando decidieron detenerse en una tienda.

“Estaba migración ahí. Estaba chiquita y no sabía lo que estaba pasando, pero en ese momento mi mamá empezó a llorar. La miré con un temor en su cara. Mi tía le estaba diciendo a mi mamá que se fuera. Entonces mi mamá me agarró y nos fuimos corriendo hasta la casa”.

Al notar que su tía y su prima se habían quedado, se dio cuenta que había una diferencia, porque su tía tiene permiso para estar aquí y su prima nació en Los Estados Unidos. La realidad empezaba a alcanzar a Castro.

Ya en el séptimo grado, recibió con gusto la noticia de que había sido aceptada para Junior Honor Society y que viajaría a Washington, D.C al final del programa. Nunca abordó ese avión.

“Así fue cuando me di cuenta de que eso era algo que no podía hacer, porque mis padres tenían miedo de simplemente ir al aeropuerto, porque decían ‘migración está ahí y nosotros no podemos ir”.

Una soñadora

Ya había salido de la high school cuando Castro quiso enlistarse en el ejército, pero no pudo hacerlo por la falta de un número de Seguro Social. Recuerda que se puso a investigar cuáles eran las opciones que tenía y así se enteró del DREAM Act.

“Fue otra decepción, como varias, porque desafortunadamente no pasó”, señaló.

Pero su vida estaba cerca de dar un giro inesperado: Se anunció el Programa de Acción Diferida Para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés.)

Erika Castro, DREAMer y trabajadora de Progressive Leadership Alliance of Nevada, conversa antes de  abordar un autobus con rumbo a Carson City.  Martes 14 de marzo del 2017. (Foto: Jeff Scheid/The Nevada Independent)

Recibió la noticia con emoción y nerviosismo a la vez, por lo cual empezó a indagar más acerca de la medida y también se dio a la tarea de buscar organizaciones donde hubiera otras personas en la misma situación que ella — otros DREAMers.

Así encontró a PLAN, donde trabaja como organizadora comunitaria animando a quienes sí pueden votar, a que valoren y ejerzan ese derecho.

“Ahorita ya tengo DACA. Eso me ha dado el privilegio de poder trabajar. Estoy estudiando, y de algún modo, sí me da un poquito de tranquilidad”, dijo. “Pero bajo esta administración yo sé que, aunque uno sea de DACA, no significa que esté tan protegido”, expresó.

Futuro incierto

A pesar de los beneficios que le otorga DACA, Castro dice que su manera de sentir y de pensar cambiaron después de las elecciones generales del pasado ocho de noviembre, cuando Donald Trump resultó elegido Presidente.

“Sabía que las cosas ya no iban a ser igual por todo lo que este hombre dijo durante la campaña, la forma en la que se expresaba de la comunidad inmigrante era con mucho odio y discriminación. Supe que iba a regresar a cómo me sentía antes de que yo tuviera DACA”, indicó.

Aunque parte de su actual trabajo es informar a la comunidad inmigrante acerca de sus derechos, Castro comentó que le resulta difícil, porque también son conversaciones que tiene con su propia familia, con sus padres, que aún son indocumentados.

“Llego a mi casa, y aunque mi hermano es ciudadano, también está preocupado. Esa es una de las cosas más difíciles y con lo que más sufro. Sentirme a veces tan impotente en controlar mi futuro”.

Pero se mantiene trabajando por sus ideales en compañía de sus colegas de PLAN. De hecho, el pasado 15 de marzo, Castro viajó a la capital del estado junto con ambientalistas, trabajadores de restaurantes de comida rápida, inmigrantes y estudiantes, como parte del Día de Acción 2017 donde se reunieron con Legisladores para expresarles sus expectativas durante la actual sesión.

“Estamos apoyando una legislación para subir el salario mínimo, eso es algo que ayudaría mucho a la comunidad inmigrante. Decirles a nuestros representantes que necesitamos que nos apoyen y que nos escuchen”, mencionó.

Castro dice que al fin del día y pase lo que pase, no piensa darse por vencida. Recordar la historia de sus padres, que llegaron al país hace 20 años, le da fuerzas. Quiere asegurarse, además, que la gente no se olvide que los padres de los DREAMers también obtendrán apoyo.

“No he dejado de soñar”, expresó.

Foto principal de Karla: Reportero Jeff Schied.